Investigadores de la Open University británica que se encontraban haciendo un estudio sobre los sapos comunes en un lago y vieron con sorpresa cómo 5 días antes del sísmo de 5,8 grados de magnitud el 96% de los sapos macho abandonaron la zona, situada a 74 kilómetros del epicentro. La liberación de gas radón o de ondas de gravedad, antes de un terremoto se ha atribuido a cambios en las corrientes y campos eléctricos atmosféricos. Este hallazgo sugiere que los sapos son capaces de detectar pistas presísmicas como la liberación de gases y la carga de partículas y de utilizarlas como un sistema de alerta temprana.
Via: Globovision.com
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