miércoles, 31 de marzo de 2010

Desde Mi Ventana Óptica - Continúan crucificando a Cristo [Por Alejandro Almánzar]


Tanto tiempo no dura el Sol sin salir, ni la oscuridad en hacer acto de presencia y como en la vida nada es casual, si no, causal, la violencia en el mundo también tiene su razón de ser. Violaciones espirituales, físicas, políticas y sociales, otra cosa no pueden generar. Recientemente publicamos “Dios y la Iglesia”, denunciando atrocidades del clero en Seminarios y centros espirituales contra mujeres, niños y sacerdotes, narradas en “La Vida Sexual del Clero”, del escritor y comunicador español, Pepe Rodríguez.

Volvemos sobre el particular, por los últimos escándalos suscitados en ese sentido, donde por lo visto, en la Iglesia no quedará un solo santo en los altares, pues se establece en dicho informe, que el actual pontífice se encargó de ocultar denuncias de violaciones a menores, por parte de maniáticos sacerdotes. Para cometer estas barbaridades, encuentran la complicidad de una ofuscada feligresía y la justicia, ya que, cuando estos delincuentes con sotanas son denunciados, grupos salen a defenderlos y los tribunales por temor al clero, siempre alegan falta de evidencias. Tres mil años después la Iglesia continúa crucificando a Cristo. Templos y Seminarios católicos usados para violar y degradar hijos de Dios, de todas las edades y géneros en nombre de un celibato promotor de desviaciones sexuales. Escalofriantes testimonios hablan del comportamiento de curas, quienes embarazan mujeres y las obligan a abortar y callar, dejando niños sin apellidos y sin ser alimentados. “En la Iglesia encontraremos cualquier cosa, menos a Dios”.

Como si tanta maldad pudiera quedar oculta bajo el sol, el sacerdote Murphy, en USA, violó a mas de 200 niños enfermos, durante mas de 20 años, en contubernio con la jerarquía eclesiástica, incluyendo a Ratzinger, actual jefe del Vaticano, quien recibió las denuncias y las ocultó. En carta enviada al ahora pontífice, este pidió le permitiera vivir el tiempo que le quedaba “en la dignidad de su sacerdocio” (solicito su bondadosa ayuda), decía en su carta de clemencia, antes de desencarnar en 1998. Es muy probable que este demonio con sotana haya encontrado el perdón y complicidad de su iglesia, lo que falta por ver es, si Dios lo puede exonerar de tan infame proceder contra los indefensos, a pesar de ser todo amor, perdón y misericordioso.

En el nombre de Dios, debemos despertar la conciencia de la humanidad y levantar la voz, para impedir que bajo ningún hábito religioso se continúe crucificando a Cristo. Los padres no deben confiar sus hijos a estas personas. Escúchelo, no creas todo cuanto diga, pero observe si manifiesta algún cambio de conducta, si se deprime. De ser así, investigue su causa y evitará que pueda ser prostituido y pervertido por sacerdotes inescrupulosos. Es tiempo de desvelar el manto de impunidad que envuelve la crueldad sacerdotal. Nuestro compromiso es con la verdad y si como a Cristo nos lleva a la tumba, repetiremos su expresión, “padre, perdónales, que no saben lo que hacen”.





Escrito por: Alejandro Almanzar
alex15958@MSN.com

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