sábado, 28 de agosto de 2010

EL COLESTEROL: LO BUENO Y LO MALO [salud]

Aunque el colesterol ha adquirido mala reputación, en sí no es malo. El colesterol es una sustancia cerosa, suave, amarillenta, que está en las paredes de las células y en las membranas, incluidos cerebro, músculos, piel, nervios, hígado, intestinos y corazón. Es una de las grasas que produce el cuerpo. Sin suficiente colesterol, nadie podría vivir.

Usted utiliza el colesterol para producir hormonas sexuales (estrógenos, progesterona y testosterona), vitamina D y ácidos biliares que ayudan a digerir la grasa. Sólo necesita una cantidad pequeña para satisfacer estas necesidades. Y su cuerpo (hígado, intestinos e incluso piel) producen suficiente colesterol, tres o cuatro veces más que el que come. Eso significa que podría pasar el resto de su vida sin consumir más colesterol y estaría bien. (Aunque no tiene que hacerlo, pues comer alimentos con colesterol no es la causa principal del nivel alto de colesterol.)
Lo bueno, lo malo y lo peor como muchas cosas, el colesterol no es malo, a no ser que usted tenga demasiado, que es cuando empieza a causar problemas.

Como quizá ya sabe, hay diferentes clases de colesterol, bueno y malo. La cantidad que usted tenga de cada tipo influye en su probabilidad de desarrollar la ECC.
No es el colesterol lo que es bueno o malo para usted, sino el “vehículo” a través del cual viaja en su torrente sanguíneo. Como el colesterol es ceroso, no se mezcla con la sangre, que es acuosa, sino que permanece separado. Para entrar en las células y tejidos donde se le necesita, se enlaza con las proteínas y crea transportes llamados lipoproteínas.

Imagínelas como burbujas que transportan el colesterol por todo el cuerpo. Algunas de estas “burbujas” son amigas de nuestro organismo, pero la mayoría son enemigas.
LBD: Lipoproteínas de baja densidad

Las lipoproteínas de baja densidad, o LBD, son las enemigas principales; de hecho, son las archienemigas. Las LBD transportan la mayor parte del colesterol (75 a 80 por ciento) en la sangre y lo depositan en las células, incluyendo las arterias. Ahí, contribuyen a la formación de una placa que estrecha las arterias, lo cual reduce la cantidad de sangre que pasa y, por lo tanto, la cantidad de oxígeno que llega al corazón. Algunos tipos de LBD son más peligrosos. Las partículas más pequeñas y densas de las LBD son más dañinas para los vasos sanguíneos, porque resulta más fácil cruzar el recubrimiento del vaso y fijarse en la pared.

La mayoría de las personas no sabe qué tipo de LBD tiene, porque las pruebas para determinarlo son muy costosas y complicadas. Si padece de ECC, o tiene un importante historial familiar de ECC, y su médico le recomendó consultar a un cardiólogo, él puede hacer pruebas más detalladas para comprender mejor el verdadero riesgo.





Via: Soluciones
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